by PEDRO ORTIZ JR.

“LA VANGUARDIA ES ASÍ…MI CAPRICHO ES LEY” CHARLY GARCÍA
El bar, lugar de mierda. Esa noche era una mujer preñada a punto de dar a luz vía parto con dolor, sin cesárea y con fórceps. Trifullka daba un concierto, Luis Rueda, cantante, ebrio hasta las suelas, daba un show con dolorosos estertores. Eran las contracciones.
El bar, gente de mierda. El público deja de ser “el respetable” cuando hace apología de la ignorancia sin saberlo, va en su sangre, en su barrio, en su casa. No tienen perdón porque carece de intención, para ellos ser incultos es algo que se les da de forma natural, la forma más tangible del pecado original. Son una turba sin arder, a duras penas un populachito.
El bar, rompe fuente. Y entre el alborozo pedorro de los asistentes que no paran de charlar a gritos de sus mediocres vidas, van las canciones y la pausa entre ellas que deja escuchar esa otra música, la de la saliva que chorrea de la trompeta de quienes hablan sin hablar y no se dan cuenta que están frente a un alumbramiento.
El bar, se abre de piernas. Ya van 15 minutos desde que Rueda decidió parar el show hasta que todos se callen. Transcurrirían 10 más entre el discurso y el shhhhhhhhh! que exigía la voz despeinada, de los ojos descontrolados y la quijada dormida.
El bar, puja. Alguien con autoridad ordena al dj del local que ponga música y dé por terminado lo que era, para él, un deprimente espectáculo. El vocalista se enciende en ira. Los Trifullka, que para ese tiempo ya no eran LA TRIFULLKA sino un ensamble cualquiera, miraban desconcertados un zafarrancho más armado por su ingobernable frontman.
El bar, pariendo. Luis se lanza del pequeño escenario para asesinar a trompadas al culpable de tanta falta de respeto. Como una avalancha avanza imparable hasta la cabina del dj pero es retenido por los gorilas de seguridad quienes lo sacan entre empellones y golpes hasta la mismísima calle. Afuera rompería el cristal de un auto a golpes.
Yo de testigo. Solo atino a pensar que estaba viendo lo que nunca vi. La primera estrella de rock ecuatoriana. Sobre el escenario yacía un despojo en mortaja de grupo. Había muerto la Trifullka y me importó un pepino, porque por dentro sabía que esa noche había nacido el rockstar porteño.
(Prólogo del libro: ROCKSTAR PORTEÑO. UNA BIOGRAFIA DE LUIS RUEDA)
De esto 15 años. De ahí para acá pasé de público a medio de comunicación, a ser amigo para después ser manager y fanager y panager y al final terminar siendo partner, sidekick, patiño, artista, comediante, monologuista y saliendo de gira en LA MALA REPUTATOUR: un injerto de stand up comedy con rocanrol; y vaya que nos reímos, y vaya que roqueamos!.
Sexo, drogas, rocanrol… así se dice? Pues de haber hubo, algo, mucho, todo. Era nuestro año, saldríamos de pobres haciendo lo nuestro y a nuestro estilo, rueda rodando, porque era “mejor tener una mala reputación que no tener ninguna”, las ciudades esperando, llenándolo todo y en exceso, a veces más y a veces menos.
Un vendedor de figuritas de Elvis (de esas que se parecen a Reinoso imitando a Jaime Enrique Aymara ) nos quiso vender una, se la compramos, no tenía cambio en cambio cambió la luz y nos la regaló con un “lleva no más!”, se convirtió en una señal de buena fortuna, en nuestro amuleto de la suerte, sería nuestro equeco.

Pero el amuleto fallaría, luego de dejar la piel y la cordura en cada viaje y cada show la joda loca pasó factura y con impuestos. De muchas cosas solo tengo flashes. De otras me acuerdo todo cada vez con menos vergüenza, porque de eso se trataba y éramos fieles al concepto. Porque en el negocio del rocanrol el cliente nunca tiene la razón.
“Nuestro año” terminaría como en septiembre, al menos para mí, en Loja. Fue una suerte despertar. Fui Hunter S. Thompson y su abogado en una sola persona, en un solo día, en una sola noche, con pánico y locura pero sin Las Vegas. Se acabó la gira. Un par de meses después La mamá de Luis fallecería y al final yo caminaría un poco empujado a rehab. El equeco hijo de puta tiró el culo al monte. Tampoco salimos de pobres.
Pero fue rock, por donde se vea. Y fuimos felices y lo seguimos siendo. Sin humildad ni ninguna mierda, siendo nosotros mismos, lo que somos, los que somos, siempre sin el discurso demagogo y lastimero de “quiéranme soy como ustedes”.
Particularmente jamás iría a ver sobre un escenario a nadie que chupe menos que yo, que se drogue menos que yo, que tenga menos mujeres que yo y que tenga menos talento que yo, el ídolo es de oro y quiero ir a adorarlo. Quiero ver lo que no puedo ser ni ahora ni nunca, no me interesa ver lo que puedo encontrar en Juan Pelotero pobre diablo de la alborada, como alguien decía por ahí. Para eso no pago entrada, saco la cabeza por la ventana.
Y es que existe una descarada ambición del ser común en hacer aterrizar a las estrellas, como si fuera posible, hacia el nivel en el que ellos se encuentran, para qué?, para lidiar con el complejo de inferioridad del que somos presa, ese mismo que nos hace ser una ciudad caliente con gente fría que no importa lo que vaya a ver, primero que todo va a descontar su entrada, segundo no le interesa lo que tenga que decir el de la tarima sino solo que lo divierta y tercero que no aplaude porque está subiendo las fotos a su red social favorita: gente con dogface tomándose fotos con duckface para terminar con un dick en la face.
El artista puede pero no tiene que ser humilde, tampoco debe serlo ya que esta característica es subjetiva y además mayormente sugerida por la maquina mediática que te dice que si hoy sonríes a la cámara eres bueno pero si mañana sacas el dedo medio eres el diablo.

El rockstar humilde es un invento ecuatoriano. El artista humilde es la equivocada búsqueda del que persigue al ser humano y no al genio, al anormal, al misántropo, al fuera de serie. La humildad no es requisito para el artista, el talento sí.
Ser artista, es una palabra grande, eso no se aprende en ninguna escuela televisiva en la que el destino es terminar disculpándote como hombre lo que ofendiste como mujer o viceversa. Las virtudes del ser humano son más cuestionables que su talento, por eso, si te vas a tirar los pedos con antena procura que ésta sea satelital, porque una tapa de olla y un armador no es una antena.
Por mi lado yo me divierto contando los caídos de la guerra de anónimos vs populares, mientras tú mi querido Elvis sacúdete en tu cripta. We are sudamerican rockers.
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