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Explotación de menores: Disney Network
En alguna ocasión, leía el comentario de una fan de los Jonas Brothers en WJ! Según la fan, nosotros odiábamos a los Jonas Brothers porque les teníamos mucha envidia, por el éxito que ellos tenían.

En otra ocasión, hubo una discusión muy acalorada en el chat. El tema versaba alrededor de Miley Cirus (la chica que adopta el nombre artístico de Hannah Montana) y de si tenía o no talento. Para algunos, era una joven talentosa, para otros no era más que trabajo de marketing.
Pero, ¿cuál es la gran verdad detrás de estos muchachos (casi niños), cuya imagen inunda los espacios mediáticos? La realidad detrás de eso es la explotación. Aquella que de forma velada llevan a cabo las grandes cabezas del negocio, en este caso se trata de Disney Network.
¿No es así? Pues, veamos. De los centenares de millones de dólares que genera el producto “Jonas Brothers” o “Hannah Montana”, el cual incluye los derechos por la transmisión de las series, publicidad, conciertos, giras, ventas de música, camisetas, relojes, cintillos, papel higiénico, toallas sanitarias, condones, tampones, etc: ¿Cuánto creen que realmente va a la cuenta de ahorros de estos muchachos?
Es cierto que Disney Networks es una empresa, y siendo un negocio debe percibir ganancias, porque nadie trabaja gratis, a no ser que lo muevan fines teóricamente superiores. Pero, también es verdad que en la búsqueda de ganancias rápidas, se sobre-explota la imagen de unos muchachos, que de no ser por la hábil campaña de mercadeo, no fueran más conocidos que los pelados ladillas que pululan por la esquina de tu casa.

En el fondo, esa es la cuestión que debe importar. Es el hecho simple de ver inundados los medios de un producto easy-listening, politícamente aséptico, que se pueda ajustar a la masa, pero que a costo de ser aceptable para la mayoría, sacrifique cualquier intento de ser verdadero arte. En los productos de estilo Disney Network, no hay el más mínimo esfuerzo por llevar la vanguardia musical o actoral. Las canciones son prácticamente una copia de otra, e invariablemente tratan de triunfos y decepciones amorosas o de conceptos de amistad demasiado cursis.
Incluso cuando el título es sugestivo, como en el caso de “World War III” de Jonas Brothers, uno se encuentra con una decepción terrible:
World War III
“Yeah!
The time walked into the bedroom
You were visibly upset
Telling me I made a bad move
But I didní¢â‚¬â„¢t do nothing
Our screaming wake the neighbors
Now everybodyí¢â‚¬â„¢s out for blood
I didnt want no confrontation
Because of you thats what Ive got
Well you got your loud
Cause baby I dont want to fight with you
And every battle weí¢â‚¬â„¢ve fought
Just make us look like fools”

Y es en esos momentos en que te dices a ti mismo: “¿Qué fue esa weaaa?”, cuando salta a la luz el Gato y repite su conocida frase: Por la Gran Put@ (es decir, por los poderes de Greyskull…) y se transforma en Battlecat, dispuesto a despellejar vivo al HP que escribió esa lírica con ese título.

ConCheTuMiauuuuu!!!!!
Y sin detenerse a analizar la monótona y meliflua producción de Hannah Montana (el producto Hannah Montana), uno quisiera rescatar al menos algo de toda esa montaña de producciones inservibles, pero resulta que al desmenuzar a Jonas Brothers, Hannah Montana, Demi Lobato y High school Musical se obtiene como conclusión que son más de exactamente lo mismo. Productos de mercadeo en que se explota la imagen de unos muchachos sencillos a los que han engañado, diciéndoles que tienen talentos musicales.
Y a ese punto quería llegar. Personalmente, no tengo nada en contra de ninguno de esos muchachos. Me parece que son buenas personas, que si algo hay que merezca ser rescatado en algunos de ellos, es que son un buen ejemplo para la juventud, evitan el abuso de drogas, se los ve interesados en acciones de ayuda social y no parece que tuvieran los vicios y el carácter berrinchoso de sus predecesores. Son una visión refrescante si se los compara con la otra opcion, casualmente sus predecesores: Britney Spears, Paris Hilton, Lindsay Lohan.
Pero, es allí donde hay que observar con cuidado. Paris Hilton ha sido desde siempre una estúpida corrupta, hijita de papi, pero Britney Spears y Linday Lohan eran más o menos como Hannah Montana y Demi Lobato son ahora. Eran jovencitas ejemplares, que vivían una vida aparentemente equilibrada, pero despuntaron mal al final.
Y eso es lo que provoca la explotación indiscriminada de la imagen de estos jóvenes, colocándolos artificialmente en un podio de superestrellas, para luego dejarlos a su suerte cuando encuentran una nueva estrellita que promocionar.
Nos han acusado de odiarlos por envidia, pero en realidad y a título personal, lo que sentiría si los conociera (y me importaran en lo personal) sería preocupación, básicamente. porque al ser estrellitas en ascenso, no por una calidad artística superior, sino por la palanca mediática de intereses mezquinos, llegará un momento en que abandonen el segmento actual, y podría ser que la vean dura cuando la maquinaria ya no los necesite. O en otras palabras, se les puede pasar el momento y quedar en la ignominia, o pueden cruzar al mundillo sucio del escándalo, el chisme y la publicidad barata.
Por otro lado, no sólo las estrellitas resultan explotadas, también está la masa adolescente a la que se la está acostumbrando a no discernir, a no cuestionar, a aceptar como únicas las ofertas light y políticamente correctas de los medios, que al no dar espacio a la creatividad van estragulando las posibilidades de los futuros hombres y mujeres del mundo. Si eso no es una forma vulgar y agresiva de explotación, entonces: ¿Qué lo es?